Experiencia espiritual

Proceso fotográfico

Experiencial e intuitivo. Guiado por la conciencia. En conexión con el Yo interior.

El relato de la artista:

“Tenía decidido que quería hacer un trabajo autobiográfico sobre los ángeles, sobre como la vida te avisa, te guía y te protege.

El primer día que me puse delante de la cámara surgió la primera de las imágenes de esta obra. En ella, de espalda, sin mirar a cámara, encontré la expresión de muchos de los sentimientos que llevaba dentro. Vi que aquella luz que envolvía mi figura y que, de forma extraña, se reflejaba en mi cara girada no era diferente de la luz de los cuadros de anunciaciones y visiones de santos que recordaba.

Acudí a libros de pintura mística, flamenca, renacentista y barroca y encontré en ellos inspiración: en la dignificación de la figura humana, eternidad del tiempo, en la trascendencia de los tránsitos o en los encuentros con alguna forma de divinidad. Todo ello marcó huella junto al resto de experiencias personales que estaba viviendo en ese momento.

Continué autorretratándome con aquella luz “sobrenatural” que entraba en mi habitación, en la neutralidad de la pared, que confería a las imágenes un inquietante estado de limbo: un no saber si estás en un mundo físico o en un más allá. Y desnuda, prescindiendo de cualquier complemento. Estas fueron las tres únicas premisas artísticas que de forma meditada enmarcaron el trabajo.

En determinados momentos aparecieron imágenes relevantes que contenían algo transcendente. La luz “sobrenatural” que entraba en mi habitación ayudaba a plasmar estados de un intenso contacto conmigo misma. Lejos de aterrarme por la visión de las condiciones en que me encontraba, amé algo grandioso que emanaba de ellas.

Tras un tiempo encontré el hilo argumental que de forma instintiva guiaba el proceso fotográfico: la aceptación. Entendí que estaban expresando mi propio proceso interior y que me acompañaban en mi búsqueda personal.

En un determinado momento, las imágenes comenzaron a reflejar un estado de paz y serenidad. El proceso fotográfico se volvió metódico. Me autorretrataba diariamente buscando una imagen que contuviese un estado de trascendencia superior, pero la imagen no aparecía.

Pasaron meses hasta que esa imagen se manifestó. Fue el día que murió Lluïsa, la amiga con la compartí la vivencia del cáncer. Al sentarme delante de la cámara, pensé en ella con felicidad, sin dolor, sintiéndola cerca, disfrutando de la paz y el amor que compartimos en nuestro último encuentro.

Sentí que un ciclo de mi aprendizaje había finalizado. Mi proceso de interiorización delante de la cámara se había completado. Tome la única decisión premeditada sobre la narración de la obra: abrir los ojos. Los ojos cerrados habían sido una expresión instintiva de mi proceso de interiorización delante de la cámara, abriendo los ojos salía de él, renacida.”

Exponer y compartir la experiencia

Exponer y compartir mi vivencia con los demás ha tenido un sentido muy profundo. Un encuentro humano sin barreras lleno de compasión y amor.

La vivencia ha sido única en cada lugar y con cada grupo de personas, algo íntimo y profundo que siento no es posible de transmitir. Siento que han sido especialmente divinos los encuentros de alma que se produjeron en las presentaciones en la prisión de Quatre Camins, unas experiencias muy grandes.

Imagino que toda eso que se ha ido generando en este tiempo acompaña a estas imágenes, a los que hemos compartido esa experiencia y a los que ahora de nuevo vais a ver o habéis visto esta obra.

Dios te guarde.